Afecciones vaginales más frecuentes

 
   
• 
Sequedad vaginal
  La sequedad vaginal puede tener muchas causas. En ocasiones es uno de los primeros síntomas de la vaginitis atrófica, pero no siempre es así. Los expertos aconsejan cerciorarse primero del origen del trastorno: infección, cuerpo extraño o incluso tumor, aunque esta es una causa muy poco frecuente. Lo más normal es que se deba a una bajada brusca de estrógenos, lo que hace útiles las cremas vaginales que contienen esta hormona, siempre bajo la supervisión de un especialista. Otra recomendación son los lubricantes con base de agua, que humedecen y alivian la zona durante unas horas.

En teoría, una alimentación rica en isoflavonas (que imitan la acción de los estrógenos) es lo más adecuado, aunque no se conocen las dosis ideales. Todo lo que contenga soja puede ayudar: tofu (cuajada elaborada a partir de leche de soja), leche de soja, semillas enteras de soja...

Por último, una higiene íntima correcta (utilizando productos específicos) es clave en caso de sequedad para hidratar y calmar  el prurito de la zona vaginal.
   
Vaginitis atrófica
  La sequedad vaginal puede tener muchas causas. En ocasiones es uno de los primeros síntomas de la vaginitis atrófica, pero no siempre es así. Los expertos aconsejan cerciorarse primero del origen del trastorno: infección, cuerpo extraño o incluso tumor, aunque esta es una causa muy poco frecuente. Lo más normal es que se deba a una bajada brusca de estrógenos, lo que hace útiles las cremas vaginales que contienen esta hormona, siempre bajo la supervisión de un especialista. Otra recomendación son los lubricantes con base de agua, que humedecen y alivian la zona durante unas horas.

En teoría, una alimentación rica en isoflavonas (que imitan la acción de los estrógenos) es lo más adecuado, aunque no se conocen las dosis ideales. Todo lo que contenga soja puede ayudar: tofu (cuajada elaborada a partir de leche de soja), leche de soja, semillas enteras de soja...

Por último, una higiene íntima correcta (utilizando productos específicos) es clave en caso de sequedad para hidratar y calmar  el prurito de la zona vaginal.

Las carencias hormonales de la menopausia pueden desencadenar vaginitis atrófica aunque este trastorno también es común en mujeres con tratamientos oncológicos o que sufren enfermedades del sistema inmune. El factor común es la falta de hormonas (estrógenos), que eleva el nivel del pH natural hasta valores cercanos a 7, muy similar al de una niña o preadolescente.

El epitelio de la vagina va adelgazándose y su espesor puede verse reducido hasta en un 75 por ciento. Los Lactobacillus o bacterias del ácido láctico, imprescindibles para el mantenimiento de un pH ácido, desaparecen, por lo que la zona queda a merced de las infecciones. El examen de la pelvis suele mostrar unas paredes vaginales pálidas y adelgazadas, que se une a síntomas como dolor al orinar, sensación de ardor o picazón y dolor o sangrado durante las relaciones sexuales.

La consulta al médico es obligada con cualquiera de los síntomas citados, ya que pueden tener diversas causas. Si el diagnóstico es vaginitis atrófica, y siempre que el experto así lo aconseje, el tratamiento consiste en estrógenos (crema, comprimidos, anillo  vaginal o parche cutáneo), además de lubricantes vaginales hidrosolubles.

Los especialistas advierten contra el peligro de contraer infecciones vaginales causadas por bacterias u hongos (cándida). Una buena higiene íntima es imprescindible es esta patología: el uso de soluciones específicas para la zona vulvovaginal alivia los síntomas de irritación.
   
Incontinencia urinaria
  Tener un problema de incontinencia urinaria es otro buen motivo para que la higiene íntima deba ser eficaz. Esto puede suponer un verdadero problema social que les impiden desarrollar una vida normal. Para muchas pacientes el origen de este problema, especialmente la llamada incontinencia por esfuerzo, es haber dado a luz.

El embarazo y el propio parto pueden haber debilitado las estructuras que sostienen la vejiga; el resultado es que los esfínteres no hacer el esfuerzo suficiente y una simple tos, estornudar, saltar o correr producen incómodas filtraciones de orina. Durante la menopausia, los niveles más bajos de estrógenos tampoco ayudan a mejorar el cuadro: la presión del esfínter puede disminuir y provocar más episodios de incontinencia urinaria. Si, además, se produce una infección en el tracto urinario (incontinencia transitoria), el cuadro puede empeorar.

Además del tratamiento médico pertinente y el reentrenamiento de la vejiga (orinar con intervalos para fortalecer la zona perineal), y ejercicios de Kegel, es aconsejable utilizar una solución limpiadora que respete el equilibrio de la zona vaginal.
   
Candidiasis
   Candidiasis en la menopausia   Siete de casa diez mujeres la padecerán en algún momento de su vida, según las estadísticas, y representan una cuarta parte de las vulvovaginitis. El mayor problema de este trastorno es la llamadas candidiasis recurrente, que afecta al cinco o al diez por ciento de las pacientes. En estos casos los episodios de picores y las molestias se repiten al menos tres o cuatro veces al año.

La levadura candida albicans suele estar presente en la mayoría de los casos, pero es la llamada candida glabrata la que más suele producir las candidiasis recurrentes.
La candidiasis es un proceso inflamatorio de la vulva y la vagina que se debe a la invasión de un hongo, la cándida.
  Presente en pequeñas cantidades en el cuerpo humano (boca, tracto digestivo y vagina), el desequilibrio en la acidez del pH vaginal hace que la cándida colonice toda la zona.
Son más vulnerables a la cándida las mujeres con el sistema inmune debilitado como pacientes de diabetes mellitus o siguen tratamientos oncológicos o con corticosteroide y embarazadas. En cuanto a tratamiento, los antifúngicos son los medicamentos más apropiados en estos casos. El médico suele aconsejar, además, lavados de la zona vulvovaginal con lociones  sin jabón especialmente formuladas para  calmar irritaciones.